23 de mayo de 2010

El fisco y el Rey Lear

Porque no me digan ustedes que no les da un tufillo a eso, a que nuestro Presidente del Gobierno tiene un puntito muy "Rey Lear".
Para los que no lo sepan, que intuyo que son más de uno, les adelantaré (y con eso les ahorro tener que escribir en Google "rey lear") que el tal rey es fruto del genio trágico de Shakespeare, y que no tuvo mejor ocurrencia que entregar su reino a sus tres hijas porque el hombre quería retirarse y así comprobaba de primera mano qué tal se apañaban las tres. A la que mejor le fuese le tocaría el premio gordo y listos. No le salió muy bien la jugada, pero eso es otra historia y el que quiera saberla que busque en Google o, muchísimo mejor, que se lea la obra.
Pues a mi, qué quieren que les diga, el presidente Zapatero me está dando un aire a Rey Lear que no veas. A ver, me explico. Después de la audaz e ingeniosa bajada de sueldo a los funcionarios, de la agudísima congelación de las pensiones, y del parón de las obras públicas, el gobierno anunció la llegada de un nuevo impuesto "para los ricos".
Por la parte que me toca intentaré ser lo más aséptico y breve posible.
Sin entrar en consideraciones políticas, no puedo dejar de reconocer un cierto aire de despropósito, improvisado, mal anunciado y mal estudiado. Un gesto lanzado a la galería para contentar a las huestes de currantes que nos estamos comiendo la crisis con papas y sin anestesia.
Un "impuesto para los ricos" es algo que a cualquier trabajador le parecerá bien. Pero las cosas no se hacen para que parezcan bien. Porque digo yo ¿no existe ya el Impuesto sobre el Patrimonio?. ¿A santo de qué crear ahora otra figura impositiva del todo innecesaria? Como si el panorama fiscal del estado no estuviera ya lo suficientemente liado como para legislar a quo
. En la Facultad de Derecho ya nos enseñan que no se hacen las leyes pensando en problemas concretos y puntuales. Una ley no es cualquier cosa. Y una ley que instaure una figura tributaria no puede ponerse en solfa sin un mínimo de responsabilidad. Si lo que se quiere es gravar la renta de los más acaudalados ¿Porque no se recurre al IRPF? Está ahí y puede usarse, y en caso muy necesario incluso cabría la posibilidad de modificar puntualmente su normativa, que no es lo mismo una modificación parcial de la normativa de un impuesto que crear un nuevo desde cero. Y si lo que se quiere gravar es la tenencia de patrimonio bastaría con recurrir entonces al ya citado Impuesto sobre el Patrimonio. Les recuerdo a ustedes que hablamos de un tributo que aún hoy en día sigue existiendo aunque desde 2008 se anuló de facto al establecier un bonificación del 100% de la cuota y además suprimir la obligación de declarar por el mismo.
Cuestión distinta sería si de lo que habláramos es de una reforma integral de todo el sistema fiscal español (que tampoco estaría mal) pero crear impuestos para calmar inquietudes sociales no es un buen camino.
En cualquier Estado moderno la fiscalidad es un instrumento de enorme importancia y que tiene unos efectos directos sobre la ciudadanía y sobre la salud financiera del país. Es una herramienta no sólo de gestión económica sino también política. Su diseño obedecerá a las directrices ideológicas del gobierno de turno que haya elegido la soberanía popular. No se puede banalizar la fiscalidad ni la tributación.
Sencillez, claridad, eficacia y seguridad jurídica.
Recupérese el Impuesto sobre el Patrimonio y gestiónese bien. Los beneficios económicos y sociales para el país seguramente serían más sólidos que lo que aporte ese anunciado impuesto para ricos.
El rey Lear entregó el reino a sus hijas para probarlas y, como dije, no le salió bien el experimento. Tengo la esperanza (escasa, eso sí) de que el presidente del Gobierno no entregue el reino de la fiscalidad a las exclusivas manos de las necesidades políticas momentáneas porque es más que probable que acabara igual de mal.

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