5 de octubre de 2010

De lobos y corderos.

Siempre me gustaron los temas económicos, y siempre me gustó estar razonablemente bien informado, entre otras cosas porque es lo que me permite formar mis opiniones, acertadas o no.
En cambio, nunca me gustaron demasiado los economistas.
En algún lugar debí leer, no recuerdo bien dónde ni cuando, la definición de un economista que me gustó bastante. Decía, más o menos, que un economista es alguien que te dirá mañana porqué las previsiones que te dió ayer no se han cumplido hoy. Seguro que hay frasecitas así para abogados, pero bueno, ya se encargarán los economistas de publicarlas en sus blogs.
Pues si los economistas no me hacen demasiada gracia, imagínense ustedes la alergia que me da el Fondo Monetario Internacional.
Resulta que según el Informe de Estabilidad Financiera han presentado en Whasington, el FMI afirma que el sistema financiero global sigue siendo la parte débil de la recuperación económica. Toma ya. Con un par.
Y lo dicen ahora, años después de los primerios incendios financieros. Después de que se tenga meridianamente claro que la crisis, que a estas alturas es ya una crisis casi global, empezó siendo una crisis nítidamente financiera. Después de que todos percibiéramos que los adalides del capitalismo desaforado nos habían vendido durante años un gigantesco dominó que se ha venido abajo en cuanto la primera ficha se desmoronó.
Y es que hay sapos que me cuesta horrores digerir. Como que el FMI, cuyas agudísimas recomendaciones casi arruinaron Argentina no hace tantos años (además, todo hay que decirlo, de la inestimable colaboración de la "corrupción estructural" de los políticos de por allí) y que impone condiciones a paises centroamericanos que cualquier juez digno de su profesión tacharía de leoninas, ahora vengan a decir que el talón de Aquiles de la recuperación es el sistema financiero global. O que un día te lean la cartilla advirtiéndote de que estás al borde del colapso y pocos días después te digan que estás haciendo bien los deberes. O que el presidente de mi país tenga que reunirse con la flor y nata de la piratería mundial para que no se ceben con la debilitada economía nacional. Vaya por delante que cuando hablo de la flor y nata de la piratería mundial, como deben imaginar, no me estoy refiriendo a los piratas somalíes sino al grupo de inversores que dominan hoy los principales Fondos de Inversión de EE.UU. (entre ellos George Soros, ejemplo perfecto de delincuente financiero, capaz de poner en serios aprietos las economías de más de la mitad de los paises de la eurozona antes de la cración de la moneda única).
Reconozco su necesidad, y el acierto del presidente Zapatero al celebrar esa reunión. Pero me jode. Terriblemente.
Me desagrada profundamente que los padres, voluntarios o no, de este incalculable desaguisado se presenten como salvadores. Hay incluso algún preclaro economista reconvertido en best-seller que, ejemplificando a la perfección la definición de economista que puse más arriba, explica hoy los fallos que cometieron ayer, y encima nos regala consejos de cómo se pudo haber evitado la crisis. Lástima que no dijera nada antes de que la crisis le explotara en las narices. Y si fuéramos más lejos podríamos sostener sin rubor el excelente artículo de Marco Antonio Moreno en el Blog Salmón. Sostiene que el origen de la actual debilidad financiera de los EE.UU. (y añadiría que, por arrastre, del resto de economías globalizadas) se puede remontar nada menos que al año 1.971, cuando el presidente Richard Nixon decretó la inconvertibilidad del dolar en oro, que por aquel entonces era el único patrón cambiario a nivel mundial. Como casi todo, la medida tuvo unos primeros efectos extraordinariamente beneficiosos para la economía norteamericana, que creció a un ritmo envidiable. Y como casi todo, luego vinieron las vacas flacas, que duran hasta hoy. Pero mientras tanto ningún economista levantó el brazo para advertir de que algo no iba bien, todo lo contrario, la medida fué sonoramente aplaudida por el establishment financiero estadounidense. Ahora, cómo no, se rasgan las vestiduras. Lo de siempre.
Hay también una lectura en clave política que es como para pararse a pensar un poco.
Francisco Fuentes, veterano dirigente socialista de la federación extremeña, advirtió en un acto de partido que estamos asistiendo a algo más que una crisis económica. En su opinión, estaríamos siendo testigos mudos de una lucha que determinará el futuro de las generaciones venideras y que no es otra que la que libran los poderes fácticos de la economía mundial para desembarazarse de la presencia del Estado Social. Es posible que suene tremendista, pero verosimilitud no le falta.
Europa no ha tenido, ni se espera que tenga, valor ni capacidad suficiente para dejar de ser lo que es desde que en 1945 finalizaó la II Guerra Mundial: un protectorado norteamericano. Desde entonces y hasta la fecha, a este lado del atlántico somos como una gigantesca esponja, dispuestos a absorver todo lo que venga de nuestros amigos estadounidenses. Esto tiene su lado positivo porque es obvio que EE.UU. tiene muchas cosas buenas de las que podemos (y debemos) aprender. Pero hay otras que chirrían enormemente con la tradición histórica europea.
En Europa los derechos civiles y laborales de los trabajadores han sido objeto de un cuidado y atención considerablemente mayor del que reciben en Estados Unidos. Y es que desde los tiempos de la revolución industrial, los obreros europeos saben que cada una de las mejoras que han ido consiguiendo ha sido a base de sudor, sangre y lucha. Ahora todo parece que viene regalado, como si siempre hubiese estado ahí. Pero no ha sido asi en absoluto, no obstante de eso igual comentamos algo en otro momento. En resumen: Europa es mucho más sensible al desamparo de sus ciudadanos que el modelo que poco a poco estamos importando: el norteamericano.
Y en esa estamos. El modelo ultraliberal de nuestros vecinos transatlánticos está aterrizando en Europa pero ahora, con la excusa de la crisis, viene con la fuerza de un gigantesco tornado que, para colmo, está completamente fuera de control. Hay que abaratar el despido (a ser posible a coste cero), reducir el gasto público (Esperanza Aguirre, paradigma del capitalismo más duro, dice del Estado que cuanto menos, mejor), minimizar los costes de la protección social, y cuantas medidas sean necesarias para mayor gloria del poderosísimo señor del que el gran Francisco de Quevedo decía eso de que "...al natural destierra y hace propio al forastero".
No es cuestión de que el modelo made in USA sea peor que el europeo ni al revés. La diferencia entre uno y otro tiene mucho de ideología social, o lo que es lo mismo, de elegir qué tipo de sociedad queremos.
Lo malo es que si Francisco Fuentes tiene razón, el modelo económico-social norteamericano se va a quedar en pijama comparado con la que nos espera, porque la cuestión no será que haya mucho o poco Estado, la cuestión será que si quedase algún Estado sólo se le dejará ser meramente testimonial. Si le dejan.
Imaginen: ya no habrá más Moncloa. Cuando venza Don Dinero, la política económica, social, cultural, sanitaria, militar, de educación, y la que sea, la decidirán Nike, Shell, Exxon, BP, Dexia, General Electric, etc, etc, todas juntitas de la mano de Wall Street. Para cuando eso ocurra más le vale tener una buena provisión de dinero en el banco (y en fondos de inversión, y en planes de pensiones, y en...) porque como se quede usted en el paro, o no tenga para pagarse un médico de urgencias, ni para pagar el colegio de sus hijos, o una seguridad ciudadana en su vecindario, o un servicio de limpieza decente, encomiéndese usted a todos los santos que conozca (si cree en ellos) a ver si se apiadan de su situación porque los nuevos gobernantes, los lobos que ahora se ponen piel de cordero, no lo harán.